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¿Se pueden usar las TICs para hacer experimentos mentales en Filosofía?

En esta entrada de Blog propongo que se pueden usar las TICs (Tecnologías de la Información y la Comunicación) para hacer experimentos mentales en Filosofía y saber si están bien formulados. El empleo de estas herramientas debería ser considerado como un indicador de la calidad del experimento mental planteado.

Un experimento mental es una herramienta utilizada para el estudio de conceptos y teorías científicas y filosóficas (Bonet, 2017). En ellos se plantea una situación imaginaria que se somete a prueba (Prior, 2017) y el objetivo del experimento mental es realizar un juicio sobre qué pasaría en el caso de que ese escenario fuera real (Gendler, 1998; citado en Cooper, 2005).

Algunos autores (Hull, 1998; Wilkes, 1988) han propuesto que los experimentos mentales deberían ser sustituidos, siempre que sea posible, por experimentos reales. Hull (1998) opina que “los ejemplos ficticios en Filosofía han llevado a especulaciones extravagantes que son todas ellas imposibles de evaluar”.

Pero, ¿hasta qué punto los experimentos mentales son solamente “especulaciones extravagantes” que no podemos someter a prueba? Y más en concreto, ¿podemos saber cuándo un experimento mental nos lleva a error? En esta entrada me propongo argumentar que podemos conocer si un experimento mental es válido o no porque tenemos herramientas para simular dicho experimento de un entorno análogo al real.

A este respecto, Cooper (2005) opina que un experimento mental falla por dos motivos. En primer lugar, provoca errores cuando el experimentador mental no conoce las leyes que son relevantes para predecir el comportamiento de la entidad imaginada. Puede que conozca las leyes que controlan la conducta de entidades similares en el mundo real, pero no sabe si se aplicarían en la situación hipotética planteada. Por lo tanto, sería conveniente que el experimento mental en cuestión dijera de manera explícita cuáles son estas leyes, porque si se asumen de manera implícita, esto puede llevarnos a cometer errores.

El segundo motivo por el que un experimento mental podría fallar sería porque el experimentador mental construyera un modelo de realidad que careciera de consistencia interna. En estos casos nos podríamos encontrar en situaciones como las figuras de Escher, en las que cada parte parece tener sentido, pero el todo forma un conjunto incoherente difícil de interpretar.    

Si hacemos explícitas las reglas que van a controlar la entidad imaginaria en el mundo hipotético, en mi opinión, podríamos construir un mundo determinista, con leyes similares a las de la Física, que podrían coincidir o no con las rigen el mundo real actual.

Para conocer con detalle este mundo hipotético, hasta hace unos años debíamos recurrir a la imaginación (y en el mejor de los casos a modelos matemáticos). Sin embargo, a día de hoy, es posible crear estos mundos en una realidad paralela mediante simulación por ordenador o mediante creación de entornos de realidad virtual. Si el mundo creado presenta ambigüedades de programación, y la conducta de la entidad creada se encuentra ante una indeterminación (una propiedad de su comportamiento que no ha sido definida de manera explícita), el programa no sabrá cómo continuar y se quedará bloqueado, dando un mensaje de error.

Siguiendo a Cooper, el experimento mental habrá fallado, dado que algunas reglas de su comportamiento seguirán siendo implícitas. De la misma manera, podríamos insertar partes del código, que por separado parecen coherentes, pero que al integrarlas en un programa de ordenador, veríamos que hay incongruencias que hacen poco funcional el mundo creado. De esta manera, comprobaríamos que está actuando el segundo tipo de fallo de experimento mental y que éste deberá ser formulado de nuevo.    

También considero que creando una realidad paralela en la que se desarrolle el experimento mental, el filósofo o investigador podría conocer mejor el diseño planteado. Por ejemplo, una vez construido este modelo se podría preguntar sobre cuáles son sus límites. Es decir, ¿Sigue funcionando en una escala mucho mayor o mucho menor? ¿De qué manera le afectan otros factores como el tiempo, la interacción con otras entidades reales o imaginadas, la inclusión de nuevas leyes de control del comportamiento, etc.?

Esto nos permitiría trabajar con un experimento mental que se rige por un modelo determinista de una manera similar a como lo hacen los objetos en el mundo real.  

Por supuesto, opino que la mente humana, a día de hoy, es la única capaz de formular estas preguntas “inteligentes”. También creo que nuestra capacidad para razonar nos permite detectar estas indefiniciones o incongruencias en los experimentos mentales que propongamos, y de realizar todas las modificaciones en las condiciones que podamos imaginar. De hecho es lo que ha estado haciendo durante miles de años antes de que aparecieran los ordenadores.

Sin embargo, en mi opinión, el uso de computadoras para poner a prueba los experimentos mentales presenta dos grandes ventajas. La primera es que obliga a experimentador a hacer explícitas estas leyes que regulan el comportamiento de la entidad o situación imaginada.

Además, estas leyes deben ser transformadas en un lenguaje de programación para que el ordenador sea capaz de ejecutarla, por lo tanto, deberán estar completa y claramente definidas a priori. El experimentador mental podrá comprobar en el momento de la traducción del lenguaje real al lenguaje de programación si existe alguna carencia o incongruencia.

Por otro lado, el resultado de este experimento mental con un ordenador se puede ver en segundos, mientras que un filósofo o investigador clásico podrían tardar años en detectar las posibles carencias de su modelo. De esta manera, se dispondría de más tiempo para conocer mejor las características centrales y accesorias del modelo, proponer cambios y diseñar nuevos experimentos mentales.

Como conclusión, en este trabajo propongo que el uso de simulaciones por ordenador y de creación de realidades virtuales paralelas debería ser una herramienta que los filósofos y los científicos utilizaran para demostrar la bondad y los límites del experimento mental que hayan creado.

Sin el empleo de estas herramientas, la experimentación mental sigue siendo posible, pero resulta mucho más difícil determinar la bondad -ausencia de fallos, siguiendo la terminología de Cooper (2005)- y los límites de dicho experimento mental.   

Bibliografía

Bonet, J. (06 de 10 de 2017). Tema 1. La Naturaleza de la Filosofía. Apuntes de la Asignatura “Introducción a la Filosofía”. Obtenido de https://campusdocencia.ucv.es/pluginfile.php/98029/mod_resource/content/2/1%20Metafilo%20Prima%20178.pdf

Cooper, R. (2005). Thought Experiments. Metaphilosophy, 36(3), 328:347.

Gendler, T. (1998). Galileo and the Indispensability of Scientific Thought Experiment. British Journal for the Phylosophy of Science, 49, 397:424.

Hull, D. (1998). That Just Don’t Sound Right. En J. Norton, The Cosmos of Science (págs. 430-457). Pittsburg: University of Pittsburg Press.

Prior, J. (14 de 12 de 2017). Philosophical Terms and Methods. Analizing Concepts. Obtenido de http://www.jimpryor.net/teaching/vocab/analyses.html

Wilkes, K. (1988). Real People: Personal Identity Without Thought Experiments. Oxford: Clarendon Press.

Publicado en Metafilosofía

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2 comentarios

  1. Joaquín

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