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Elogio a la vida sencilla de Thoreau

Walden, la vida en los bosques

Introducción

El escritor, poeta y filósofo norteamericano Henry David Thoreau (1817-1862) realizó un elogio a la vida sencilla en su obra “Walden, la vida en los bosques“, que para él está guiada por los valores que hay implícitos en la naturaleza.

Desde una perspectiva más amplia, la obra de Thoreau se podría encuadrar dentro de la tradición literaria del Beatus Ille, que proviene de la época de los romanos. Este tema tuvo mucha influencia en la Edad Media y reaparece de manera recurrente en la literatura, especialmente en situaciones de crisis personal o social.

De hecho, en Beatus Ille constituye una de las cuatro aspiraciones del hombre del Renacimiento, junto con el Carpe Diem (vive el momento), Locus Amoenus (lugar idílico o idealización de la realidad) y Tempus Fugit (fugacidad del tiempo y conciencia de ello).

Beatus Ille significa en latín “afortunado él”, o “dichoso aquel que…”, aunque la expresión que más se asemeja en español podría ser “irse para estar lejos del mundanal ruido”. Parece ser que fue Horacio el primer autor en incluir esta referencia al final de uno de sus poemas, aunque como crítica a algunos ricos que decían irse al campo para huir de la ciudad, pero en realidad no podían desprenderse de la riqueza terrenal.

Temática del libro “Walden, la vida en los bosques”

Por la descripción que realiza Henry Miller en el prólogo de “Walden, la vida en los bosques”, Thoreau era un pensador irreverente. La palabra compromiso no formaba parte de su vocabulario y propugnó en uno de sus escritos la desobediencia civil.

Sin embargo, no era una persona antisocial. Tenía muchos amigos, y entablaba buenas relaciones con sus personas más próximas (vecinos, escritores, etc.).

Thoreau abogaba por una vida sencilla, sin lujos, sin ostentaciones ni derroches innecesarios. La vuelta a la naturaleza era su referente. Para él, la verdadera jungla no estaba en la naturaleza sino en la metrópoli.

En realidad, los seres humanos necesitamos muy pocas cosas para vivir: alimento, refugio, habitación, vestimenta y calor. La vida de los más sabios ha sido siempre más sencilla y sobria que la de los pobres. Podríamos afirmar, aunque esto no lo dijo Thoreau, que no es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita.  

¿Qué es realmente necesario?

Cuando en nuestra vida tenemos los objetivos claros, podemos prescindir de lo superfluo. Por eso dice que “El hombre que al fin ha encontrado algo que hacer no necesitará un traje nuevo”.

Nos creamos necesidades artificiales y por eso es tan difícil el acceso a la vivienda: “en el estado salvaje, cada familia posee una morada tan buena como la mejor, y suficiente para satisfacer sus necesidades más sencillas”. Por eso, “si se afirma que la civilización representa un adelanto real en la condición humana […] debe demostrarse que se han producido mejores viviendas sin hacerlas más costosas”.

Para ser coherente con sus afirmaciones, Thoreau decide vivir en la naturaleza, y comprueba que los gastos en los que incurre son irrisorios para su época.

También considera que lo sencillo es lo mejor en la mayoría de ocasiones “el viajero más veloz es el que va a pie”. Y dice que muchos de sus coetáneos le recuerdan a “aquel inglés que se fue a la India a hacer fortuna para luego regresar a Inglaterra y vivir una vida de poeta”. Para Thoreau, hubiera sido más práctico subir a la buhardilla en primer lugar.

Sigue reflexionando sobre cómo debería ser la educación, las casas o la ayuda al prójimo. No se considera una persona caritativa hacia las personas que desean recibir una ayuda de manera pasiva (sin tomar las riendas de su vida), pero sí que está dispuesto a acompañar a aquellas que deseen labrarse su propio futuro (“si se trata de dar dinero, daos con él, y no os limitéis a abandonarlo en sus manos”). 

Reflexión personal sobre la obra de Thoreau

Desde mi punto de vista, el pensamiento de Thoreau es muy pertinente para la cuestión de la protección del medio ambiente actual. Pensamos en que salvaremos el medio ambiente con más tecnología y desarrollo industrial (coches eléctricos, satélites que controlen el clima, ciudades más eficientes, etc.). Y Thoreau nos recuerda que no es cierto, para salvar nuestro entorno y para vivir mejor, hay que volver a la vida sencilla (“el viajero más veloz es el que va a pie”).

Es posible que en lugar de ir a trabajar con el coche eléctrico de última generación podamos ir andando, o en bicicleta, o en trasporte público.

Es posible que no necesitemos casas inteligentes, con la climatización automatizada y controlada por Internet, sino las casas bien hechas de antes que conservaban perfectamente una temperatura agradable todo el año en su interior.

Puede que no nos haga falta el teléfono móvil de última generación, sino el más sencillo y pasar más tiempo con nuestros semejantes.

El papel de la caridad

Y por último, no deberíamos dar ayuda a ciegas a los más desfavorecidos para limpiar nuestra conciencia. Sino que deberíamos pasar más tiempo con ellos y “enseñarles a pescar”.

Tengo en mi ciudad una pequeña empresa. Enfrente de las oficinas hay una institución caritativa, donde la gente va a buscar ayuda y les ofrecen un servicio excepcional.

Conozco desde hace años a las personas que colaboran allí y sé que hacen una gran labor social. A veces comento con ellos el tipo de ayudas que prestan. A menudo me comentan, que las personas que buscan ayuda, están convencidas de que no pueden hacer nada para ganarse el sustento.

Sé que el ayuntamiento de mi ciudad ofrece huertos urbanos a gente sin recursos. Yo tengo aperos de labranza y conocimientos del tema (lo viví de pequeño con mis abuelos, y durante un par de años tuve uno de esos huertos; hice un experimento similar al de Thoreau; durante ese tiempo tuve abundante surtido de verduras para mí, para mis familiares y amigos, y para dar a organizaciones caritativas de manera regular; ¡Y solamente tenía 30m2 de parcela!).

La única obligación que se contrae es dedicar un rato todos los días al huerto (regar, quitar alguna mala hierba, coger lo que ya está maduro, etc.).

Me he ofrecido en muchas ocasiones a proporcionar conocimientos, herramientas, semillas y abono a quien lo necesite, el agua y la tierra la pone el ayuntamiento.

El coste económico de quien se dedique a esta actividad es nulo. Hasta ahora no he conseguido que nadie de los que han ido a pedir ayuda se interese por cultivar su propia comida.

Conclusión

Creo que esta es la reflexión que hacía Thoreau. Hay que despertar en la gente la necesidad de “labrarse” su propio futuro. En situaciones desesperadas está muy bien solicitar y recibir ayuda ciega de los demás. Sin embargo, como estrategia permanente de vida (esto lo saben muy bien los colaboradores de las asociaciones caritativas) es pernicioso.

Hay que volver a la naturaleza, hay que vivir de manera sencilla, tenemos que ser dueños de nuestra propia vida.  

Recursos recomendados

Audiolibro de “Walden, la vida en los bosques”

Libro “Walden, la vida en los bosques

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Publicado en Sociedad, Thoreau

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2 comentarios

  1. Hoefle

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